Durante un mes al año, millones de musulmanes en todo el mundo cambian su rutina por completo. Es el Ramadán, el noveno mes del calendario islámico y el más sagrado para el islam. Se cree que en este mes comenzó la revelación del Corán, y por eso los musulmanes lo viven con ayuno, oración y caridad. No es solo dejar de comer: es un mes para acercarse a Dios, ordenar la vida y cuidar a los demás.
El ayuno, de sol a sol
Desde el amanecer hasta la puesta del sol, los musulmanes adultos ayunan: no comen, no beben y se abstienen también de otras cosas, como fumar. El ayuno se rompe al atardecer con el iftar, la comida con la que se rompe el ayuno, que muchas familias comparten juntas o en la mezquita. Antes del amanecer se toma el suhur, una comida ligera para aguantar el día. Los niños, las mujeres embarazadas, los enfermos y los viajeros están exentos del ayuno.
El sentido del ayuno va más allá del hambre. Se ayuna para recordar a quienes pasan necesidad, para dominar los impulsos y para dedicar a la oración el tiempo y la atención que normalmente van a la comida. Por eso durante el Ramadán también se evita hablar mal de otros, discutir y perder el tiempo. El ayuno del cuerpo acompaña a un ayuno del carácter: paciencia, generosidad y autocontrol.
Las noches de Ramadán
Cuando cae el sol, las ciudades musulmanas se encienden. Las familias se reúnen para el iftar, las mezquitas se llenan para la oración de la noche —el tarawih— y las calles se llenan de luces y de puestos de dulces. En los últimos diez días del mes se busca la Noche del Decreto, la noche en la que se cree que comenzó la revelación, y muchos pasan esas noches en oración. El mes entero tiene un ritmo propio: días tranquilos y noches de comunidad.
La caridad es otro pilar del mes. Dar a los pobres —el zakat y las limosnas voluntarias— se multiplica en Ramadán, y muchas familias preparan comida para compartir con vecinos y desconocidos. Es un mes en el que la mesa se abre: nadie debería romper el ayuno solo. Esa hospitalidad recuerda a otras fiestas del mundo, como el Día de Muertos, donde también se comparte la mesa, o la Navidad, que reúne a la familia alrededor de la comida.
El final: la fiesta del Eid
El Ramadán termina con el Eid al-Fitr, la fiesta de la ruptura del ayuno. Ese día las familias se visten con ropa nueva, se visitan, se perdonan las ofensas y se comparte comida y dulces. Los niños reciben regalos y dinero. Es una fiesta de alegría y de gratitud: un mes de esfuerzo termina en celebración, y la comunidad entera lo celebra junta.
Si tienes vecinos o compañeros musulmanes, el Ramadán es una buena ocasión para conocerlos mejor: respeta su ayuno, no les ofrezcas comida durante el día y, si te invitan al iftar, acepta. Compartir la mesa es la mejor manera de entender una fiesta. Y si te interesa cómo otras tradiciones viven su fe en comunidad, mira la Semana Santa en el mundo. Cada tradición tiene su calendario, pero todas guardan un tiempo sagrado para detenerse y recordar lo esencial.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto dura el Ramadán?
Un mes lunar completo, entre 29 y 30 días. Como el calendario islámico es lunar, cada año empieza unos once días antes que el año anterior.
¿Todos los musulmanes ayunan?
Ayunan los adultos sanos. Están exentos los niños, las mujeres embarazadas o lactantes, los enfermos, los ancianos frágiles y los viajeros.
¿Qué es el iftar?
Es la comida con la que se rompe el ayuno al ponerse el sol. Suele empezar con dátiles y agua, siguiendo la tradición, y después viene la cena en familia.
¿Qué es el Eid al-Fitr?
Es la fiesta que marca el fin del Ramadán: un día de celebración, visitas, ropa nueva, dulces y regalos para los niños.


